miércoles, 13 de noviembre de 2013

La angustia

Se parece mucho a la tristeza, casi de lejos podríamos decir que son gemelas pero cuando te acercas ves que no tienen nada que ver, tal vez algún rasgo o algo en la configuración de su adn...pero no mucho más.
La angustia se siente en el cuerpo como si te estuvieses quemando, prendiendo fuego por dentro. La garganta se incendian y brotan las palabras alborotadas que no saben como salir espantadas de tanto fuego y temerosas de incendiarse.
O tal vez las palabras se consuman en el fuego y lo que brota ahora son las lágrimas que tratan inútilmente de extinguir ese incendio, al menos de calmar un poco la bravia de su intensidad.
Pero la angustia puede calmarse pero sigue ahí, latente...esperando su momento de salir a escena, de volver a ocupar el eje de tu vida y no dejarte disfrutar.
Y ponele que la controlás, que podés hacer una vida con la sonrisa fácil y la risa contagiosa, con hijito lindo que se rie mucho y hace reir a todos.
Y a vos también. Y le ganás la pulseada a esa angustia y le decis: "en este terreno no te dejo entrar" y disfrutás, planificás, viajas, vivis, reis, comes, haces el amor, lees, escuchas música, pelotudeas...y la angustia sigue latente, esperando su momento.
Y comes desesperadamente, para no dejarla salir, para que se aplaque el fuego, como si las harinas y los dulces fuesen a cansarla.
Pero no se cansa. No se aplaca. No se va.
Y como ves que se te está yendo de control, que te aparece cuando estás en el gym, o cuando ves la gracia con la que va descubriendo el mundo tu hijito...y la angustia te susurra al oído: "mirá si tu abuela pudiese disfrutarlo, lo que se divertiría y se reiría con este nenebombón"
Y ahí la puñalada te atraviesa por la espalda, hiriéndote profundamente...y empezás a sangrar, y la angustia se hace grande, poderosa...
Y te ponés una curita en esa herida descomunal y te vas a trabajar, y al gym, y llegas a tu casa y te tirás al piso a jugar, y hacés mil cosas...pensás en mil cosas mientras te desangras.
Y ponés música electrónica en el trabajo y bailoteas un poco riéndote a carcajadas y arengando al resto: "vamos a arrancar con todo el día!!!"
Y sos la reina del aplauso, por la buena onda, por la alegría, por la energía...esa energía gigante que tenés que no es más que la euforia de la desesperación.
De sentirte al límite. De querer ser chiquita de nuevo y que te abracen, te acaricien la cabeza y te digan que ya pasa, que ya vas a estar mejor.
Y creértelo, porque cuando sos chiquita y te dicen que vas a estar bien, no hay lugar para la duda.
Pero llorá nena, llorá porque la angustia te está ganando terreno...
Y bueno, cada uno surfea la ola como puede.

4 comentarios:

Ana dijo...

A la angustia hay que dejarla salir... aunque cueste.

Mai, sos vos??

Evangelina Bussolino dijo...

Ay, hermosa... Si te sirve desahogarte llorando, hacelo, pero creo que lo importante es quedarse con los recuerdo lindos que tenemos de nuestros seres queridos y estar seguros que los disfrutamos mientras estaban con nosotros.
Por eso es importante que disfrutes de tu hijo... por vos, por él y por tu abuela (que, seguramente, vive a traves tuyo, porque debes tener muchas cosas de ella!)
Muchos besos y a ver si algún día te animas y pones una foto de Mateo!!!

Almadevalija dijo...

Y yo que pensaba qué difícil era ser yo te encuentro y me solidarizo con esa angustia que está ahí solapada, esperando la muy turrita, saltarte al cuello en el momento menos pensado.
Me gusta cómo escribís y lo que compartís. Me uno a tu espacio para seguir leyéndote. Saludos!

Mai dijo...

Gracias gracias gracias! Es reconfortante encontrar otras almas...